Books that make you forget The Fifty Shades of Grey, by Irene Matarredona

An excellent article about the “real” erotic literature (Spanish)

Un excelente artículo sobre la “auténtica” literatura erótica

Vía: Letras y Música

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Por más que una evidente operación de marketing trate de convencernos de ello, la novela erótica no la ha inventado E. L. James. Ni sus libros son los más trasgresores de la historia de la literatura en esta materia.

En absoluto. Es más, su trilogía de Grey es muy poca cosa comparada con algunos de los textos clásicos y con otros recientes, firmados por grandes escritores capaces de construir una historia apasionante en la que encajan a la perfección escenas de sexo magníficamente descritas con todo lujo de detalles.

Hay erotismo en abundancia en el ‘Libro del buen amor’, ‘El Decamerón’ o los ‘Cuentos de Canterbury’, escritos en plena Edad Media. Y no sé si erotismo, pero sí mucho sexo hay en el Antiguo Testamento, sobre todo en los primeros libros. Recuerden, si no, el uso abundante del verbo ‘conocer’ en el sentido bíblico del término, nunca mejor dicho.

“En literatura pornográfica las mujeres han producido hasta ahora sólo un kitsch insensato. Pero el porno del futuro es femenino” afirmó Cornelia Arnhold, una de las cuatro escritoras alemanas que crearon, a principios de los noventa, el primer cabaret literario del mundo: Nacht der Literat Huren: “Noche de las putas literarias”.

Pero en realidad ya Anne Desclos, había revelado a un periodista a la edad de 86 años, 4o años después de la publicación del clásico erótico La Historia de O (1959), que Pauline Réage era un seudónimo utilizado para escribir fantasías eróticas de su invención mientras se encontraba enferma y postrada en cama para conquistar aún más a su amante Jean Paulhan.

Otra obra clásica erótica escrita por una mujer es Emmanuelle (1959) de Marayat Bibidh, distribuída clandestinamente en Francia sin nombre de autor y posteriormente bajo el seudónimo de Emmanuelle Arsan.
Mujeres también escribieron otras obras que merecen mención en el panorama erótico como Nueve Semanas y Media (1978) de Elizabeth McNeill, Las Edades de Lulú (1989) de Almudena Grandes.

Una de las primeras mujeres en ingresar en el campo de la literatura erótica es la novelista americana, nacida en Francia e hija de padres cubano y española, Anaïs Nin, famosa por su obra Delta de Venus (1940), escrita incicialmente para un coleccionista, pero publican póstumamente en 1978. Allí expose diferentes temas sobre sexualidad, algunos considerados tabú como el abuso, incesto, homosexualidad, prostitución, infidelidad y pedofilia, pero sin perder el foco sobre su trabajo que es el estudio y la descripción de la mujer.

‘LA FILOSOFÍA EN EL TOCADOR’, atribuida al marqués de Sade. La introducción de una adolescente virgen en las artes amatorias a cargo de un hombre tan atractivo como inmoral causó un escándalo inenarrable en 1795, cuando fue publicada de forma anónima. Leer este clásico con ojos actuales puede llevar a la conclusión de que tampoco es tan crudo lo que se cuenta, de manera que lo más transgresor resulta precisamente lo menos descriptivo. Pero, aún así, la carga erótica de la historia es importante.

‘EL AMANTE DE LADY CHATTERLEY’ de D. H. Lawrence. La historia de la joven cuyo marido resulta gravemente herido en la Primera Guerra Mundial y como consecuencia sufre una impotencia permanente fue un mazazo en la conciencia de la pacata sociedad de su tiempo. El centro del escándalo fue la relación que ella establece con un jardinero, en la que lo único que busca es una vía de escape a su sexualidad.

‘EL AMANTE’ de Marguerite Duras. Relato autobiográfico de la relación amorosa entre una niña de 15 años residente en Vietnam y un joven chino, hijo de un millonario, que la iniciará en el sexo. La relación dura varios meses durante los cuales, casi todas las tardes, el hombre le irá descubriendo los secretos de sus cuerpos respectivos al tiempo que la muchacha va soñando con otros cuerpos y con otras tardes de sexo a las que podrían incorporarse más personas. Novela breve, exquisita, pero de altísimo voltaje erótico, fue publicada cuando su autora era ya septuagenaria y de alguna forma supone cerrar una etapa de su vida.

‘LOS CUADERNOS DE DON RIGOBERTO’ de Mario Vargas Llosa. Continuación, de alguna manera, de ‘Elogio de la madrastra’, ambas novelas de indisimulado tono erótico del premio Nobel hispano-peruano. Aquí el erotismo está más sugerido que explícito, pero Vargas Llosa adentra a los lectores en un ambiente perturbador, hecho de fetichismos y con una marcada aureola cultural. Así, algunos cuadros famosos van desfilando por el libro y son analizados por el personaje central en sus escritos.

‘MADAME BOVARY’ de Gustave Flaubert. Una de las grandes novelas de todos los tiempos tiene, a mi juicio, la escena de sexo mejor escrita de la Historia de la Literatura. Una escena en la que lo que se detalla es… nada. El narrador cuenta cómo Emma y su amante suben a un coche de caballos y le dan la orden de dirigirse a un punto lejano de la ciudad. El lector asiste a un periplo enloquecido, prolongando el viaje una y otra vez, pasando en varias ocasiones por los mismos sitios, mientras solo se observa un anormal movimiento del carruaje derivado de lo que está sucediendo en su interior. Nunca nadie consiguió sugerir tanto mostrando tan poco. Leyendo esta escena cualquier amante de la buena literatura comprueba que E.L. James no pasa de ser una aficionada.

UN GRAN ENTUSIASMO

Los amantes (masculinos y femeninos) están servidos, pues asistimos a una auténtica democratización de la literatura erótica. Aunque no fue realmente accesible hasta hace veinte años, todo el mundo, o casi todo el mundo, lo prueba.

FRAGMENTO DE “DELTA DE VENUS”
CUENTOS ERÓTICOS DE ANAÏS NIN

Atravesaron juntos el descuidado jardín, avanzando por el sendero cubierto de musgo, en dirección a la habitación sumida en una verde penumbra por las cortinas de hiedra. Fueron directamente hacia la ancha cama y Martha se tendió en ella.
–Tus manos –murmuró–. ¡Oh, Pierre, tus manos! Las he sentido toda la noche.

¡Cuan suave y cariñosamente sus manos empezaron a buscar en su cuerpo, como tratando de hallar el sitio donde se concentraban sus sensaciones y no supieran si era en torno a sus senos o bajo ellos, a lo largo de sus caderas o en el valle que se abría entre éstas!

Pierre aguardó a que la carne de Martha respondiera, atento al más ligero temblor que le confirmara que su mano había tocado donde ella deseaba ser tocada. Sus vestidos, las sábanas, los camisones, el agua del baño, el viento, el calor; todo había conspirado para sensibilizar su piel, a prepararla para aquella mano que completaría las caricias que le habían procurado, añadiendo el ardor y el poder de penetrar en
todos los lugares secretos.

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