Desde el olvido, por Irene Matarredona

Text in Spanish

yo

Los recuerdos de aquella anciana mujer poco a poco se iban desvaneciendo. Recordaba ya muy vagamente que fue madre una vez; que dos preciosos querubines fueron la luz de su existencia. Que por ellos y para ellos, sus días siempre grises, los imaginaba de un color azul intenso. También olvidó a aquel hombre del que siempre estuvo enamorada en silencio, el que le dio la fuerza para seguir adelante con su vida. El amigo, el hombro donde poder llorar sus penas: el hombre de su vida. Aquella mujer tuvo un último sueño aquella tarde de verano. Acostada en su cama en aquella residencia en la que estaba ingresada por su enfermedad. Soñó que caminaba por una pradera, que sus pies descalzos pisaban la hierba fresca que todo lo cubría y que en su paseo la acompañaban sus dos hijos, que corrían y saltaban a su lado entre juegos y cánticos. Al llegar a lo alto de la colina estaba su hogar y en el jardín los estaba esperando un hombre que con una sonrisa en los labios les hacia señales para que se acercaran a él… Le reconoció enseguida, era el hombre de su vida y ése era su sueño hecho realidad. Aquel momento en familia era lo que ella siempre había imaginado. En el rostro de aquella mujer que dormía plácidamente, se dibujaba la última de sus sonrisas. Mientras seguía soñando con aquella vida, su corazón dejó de latir, para quedarse para siempre en lo alto de aquella colina.

Vía: Letras y Música

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