Años inolvidables, de John Dos Passos

9788432208966

No recuerdo que sabio dijo que la vida siempre se repite ¿o tal vez dijo que el pasado siempre vuelve? No lo sé, pero  lo cierto es que no se equivocó.  Una de las muestras está en las memorias que hace poco acabo de leer, Años Inolvidables del ameno escritor John Dos Passos.

Un libro en el que el propio Dos Passos nos habla de su padre, con el que le unía una gran complicidad, ya no filial, sino cultural. También nos sitúa en escenarios tan cruentos  como lo puede ser una guerra o los interminables conflictos de oriente medio con el mundo occidental, en los que un joven Dos Passos vivió en primera persona. Experiencias que le sirvieron para escribir su primera novela: Iniciación de un hombre. Como no podía ser de otra forma, entre otras muchas cosas, el autor no se olvida de mencionar su relación con Ernest Hemingway.

Pero para no perder el hilo de lo que comentaba al principio, como decía este es un libro que no solo he disfrutado leyéndolo, sino que muchos de los párrafos ratifican aquello de que la historia se repite porque, a pesar de los años transcurridos, siguen de vigente actualidad. Las crisis económicas atraen el odio hacia los emigrantes, cuando termina una guerra empieza otra, y en la política muchas veces se juega sucio pero, a pesar de todo, los ideales nunca mueren.

“Trataba de que sus amigos políticos apoyaran su plan de reformas legales. Estaba convencido de que había llegado el momento de revisar y simplificar todo el sistema. Los años de práctica legal le habían hecho ver que las complicaciones y las oscuridades de las leyes estatales y federales daban a los ricos una enorme ventaja sobre los procesos civiles. Los ricos podían contratar mejores abogados. Al mismo tiempo, preconizaba un sistema de defensores de oficio para los indigentes. La reforma legislativa llegó a ser la empresa desesperada de sus últimos años.”

“Es difícil explicar a quienes no vivieron durante los primeros años veinte la virulencia que alcanzó en Estados Unidos el odio a los extranjeros y los radicales de izquierdas después de la primera guerra mundial. Para los jóvenes que volvían de Europa convencidos de que el militarismo era el enemigo de la civilización, aquella reacción encarnaba todas las malas pasiones en las que aquél se ceba. Cuando tomamos partido por Sacco y Vanzetti, tomamos partido por la libertad de expresión y por un sistema judicial equitativo que tratara de la misma manera a los pobres y a los ricos, a los “sucios” extranjeros y a los americanos de pelo en pecho.”

“(…) El arte, aunque no tenga valor, hace poco daño. Cuando es bueno, puede proporcionar un impulso inmenso al espíritu humano. En nuestros días la política se ha convertido en algo tan destructivo como lo fue la religión en el siglo XV.”

 

 

 

 

 

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