Carta al padre, de Kafka

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Ilustración de Robert Crumb

Es más que sabido que leer a Kafka lleva implícito adentrarse en un mundo donde siempre aparece  la indefensión,  la culpa y la soledad. En mi opinión, unos elementos de los que se puede comprender su insistencia cuando uno ha leído Carta al Padre. Un libro de tinte autobiográfico en el que Kafka expresa a su padre el malestar que siente por la mala relación que han mantenido desde siempre. No lo juzga, sin embargo, revive todos aquellos momentos en los que su carencia de afecto y excesiva rudeza en el trato lo han hecho sentir como alguien insignificante, alguien al que le han robado su autoestima. Motivo más que suficiente para que marcase de por vida el modo de escribir de Kafka.

 
“Es verdad también que apenas alguna vez realmente me has golpeado. Sin embargo esos gritos, el enrojecimiento de tu cara, el desabrocharse los tiradores rápidamente, que quedaban colgando en la silla; todo eso me era casi más intolerable. Igual que cuando uno va a ser ahorcado. Si lo ahorcan realmente, muere y se terminó. Sin embargo si tienes que presenciar todos los preliminares para su ejecución y se entera de su absolución sólo cuando el lazo ya pende ante sus ojos, puede quedar afectado de por vida. Por otra parte, de las tantas veces que demostraste, según tú claramente, que merecía yo una paliza de la que me salvaba apenas gracias a tu indulgencia, se acumulaba, nuevamente, un enorme sentimiento de culpa. Yo resultaba culpable ante ti desde todos los ángulos.”
Fragmento de Carta al padre, de Franz Kafka
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