La experiencia de leer

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El verdadero lector lee los libros con gravedad o solemnidad. Porque los leerá con la misma actitud con que el autor los ha escrito (…) Disfrutará de una fruslería como de una fruslería , y de una tragedia como de una tragedia. Nunca caerá en el error de tratar de mascar nata montada como si fuera carne de caza.

Éste es el peor defecto que pueden tener los puritanos de la letras. Son personas demasiado serias para asimilar  seriamente lo que leen. En cierta ocasión un estudiante universitario me leyó un trabajo sobre Jane Austen a juzgar por el cual, si yo no hubiese leído ya sus novelas, nunca habría pensado que éstas podían albergar el más mínimo rasgo de comedia. Después de una de mis clases, recorrí la distancia que separa Mill Lane de Magdalene acompañado por un joven que, realmente afligido y horrorizado, protestaba por mi ofensiva, vulgar e irreverente sugerencia de que El cuento del molinero fue escrito para hacer reír a la gente (…)

Estamos criando una raza de jóvenes tan solemnes como los animales (“las sonrisas surgen de la razón”); tan solemnes como un muchacho escocés de diecinueve años, hijo de un pastor presbiteriano, que, invitado a una reunión social en Inglaterra, toma todos los cumplidos como afirmaciones y todas las chanzas como insultos. Hombres solemnes, pero no lectores serios: incapaces de abrir lisa y llanamente su mente, sin prejuicios, a los libros que leen.

La experiencia de leer, de C.S. Lewis

Traducido por Ricardo Pochtar

Alba Editorial

 

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